El tiempo, ese cruel justiciero hizo su trabajo
a conciencia,
ajustó cuentas
de la peor manera que suele
espero su time
instaló su guillotina
ordenó su pelotón de fusileros
secó los ríos subterráneos
abrió la tierra de parte a parte
y empezó a trabajar… sin piedad
el paso desordenado que iba sin volver
destruyó todos los puentes
sembró un desierto infranqueable
de estrías vivas de hielo e infiernos ardientes…
separó los días
dividió tiempos, en dos mitades,
y abrió fosas abisales de luz oscura
alturas espaciales irrespirables,
y dejó distanciaba insalvables,
eternidades… y todo a sabiendas,
sin remordimiento alguno.
El viejo aquel, no tenia piedad,
para eso manejaba la vida,
maltrataba a todos como a muñecos,
pim pam pum, de esos de feria,
como sacos de boxeo,
de los que se mecen y estremecen,
como hojas en otoño que caen,
caemos,
putas consecuencias del seguir…
nada que hacer salvo intentar soportarlo,
resistir, caer pero con lo más parecido
a la dignidad que suponíamos.
Lo peor era parar
esperar
una tregua trampa de las suyas,
y tratar de sobreponerse…
a charcos de lluvia intermitente,
palabras que no brotarían
la mano lenta del señor Clapton
la mirada desenfocada de Capa
la perdida de Vivian Maier…
la esquiva de las malas noticias,
buscando lo que no es
y nunca sabes…
hilos que descosen, horas,
grapas de tiempo para cerrar paréntesis
con anhelos de eternidades…
No lo vimos,
no lo quisimos sentir,
ni siquiera lo sabemos ahora,
pero los tsunamis de cuartos de horas
las nubes del tiempo
la ira de los relojes de pulsera…
el puto roce de las manecillas,
tan fuerte, el paso,
como los de los mares, las olas,
que te dejan vivo
habitado
solo
sin el sentido que buscas a todo,
asolado
por palabras que nunca dijeron
desolado
por lo que no llegó a suceder
traicionado
como los derrotados que vencen,
humillado
en batallas que ganamos perdiéndolas…
en aquellas guerras suyas,
que son de todos
y
de
nadie.
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