Me gusta votar en primera persona
meterme en la cabina
con calma, elegir la papeleta,
introducirla en el sobre,
entregar mi DNI a la Presidenta,
mirar a todo el mundo,
como quien saluda desde el ruedo,
mostrar los sobre con mis votos
como si fuera mis armas,
decir mi nombre en alto
que se oiga bien,
sonreír ladeadamente,
con fría seguridad,
introducir mis votos en las urnas,
dar las gracias,
volver a sonreír…
y pensar que ejecuto una venganza.
Y así siempre
en cada fiesta de la democracia,
muesca tras muesca.
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