Lo peor no era la incertidumbre
los silencios
las dudas
la intranquilidad
las decepciones
el despropósito
la desolación
o la sensación de abandono…
No era esa sensación gélida del fracaso
de la nada
de ser nadie
la asfixia de la oscuridad
el desencanto
el olor de la traición
el ostracismo
el olvido…
Lo peor de todo eran los márgenes
del desamparo
habitarlos
y saber que de allí no se salía.
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