Sus risas atronaban
salían de entre las grietas
venían muy de abajo
desde donde se escapaban
como rayos de luz
por huecos casi invisibles,
como el calor del mismo infierno
de aquel puto verano que pagaríamos,
con creces y sin dudas.
Todo el mundo se preguntaba
de dónde salían,
dónde habían estado tanto tiempo,
quién estaba detrás,
de aquella felicidad desbordada…
yo lo sabía, pero callaba,
pensaba
no
tener
que
reír
el
último
saliéndome con la mía
y sin remedio,
porque después de lo que sucedió
no estaríamos para reír mucho,
en realidad no estábamos para nada
salvo esquivar trampas
esperar tiempos mejores
y tratar de seguir y sernos fieles
a principios y a nosotros mismos…
nada más y nada menos,
ni una concesión
duda
o paso atrás,
al fin y al cabo no éramos
de nada ni nadie
y solíamos creer que éramos libres.
A aquella fiesta no estábamos invitados
ni era agradable nuestra presencia
tocaba esperar
y esperarse
tiempos muertos e invisibilidad
seguir perfeccionando ese arte,
éramos buenos outsiders
gente de banquillo,
sabíamos hacerlo,
lo habíamos hecho tiempo atrás…
y la música atronaba
con acordes de estruendosa celebración,
era su victoria
su tiempo
eran sus momentos
su gloria.
Todo se aclaró de golpe
se dio todo y de pronto
lo sabíamos…
y mira que no queríamos saberlo!
Los malos tiempos pasarían
pero
se
nos
iban
a
hacer
eternos
resistir
acorazarse
esperar
atrincherarse
era lo único que teníamos
eso y la invisibilidad
que no era lo mismo que esconderse…
además teníamos al viejo Hopper
a Sun Tzu
y el “No Surrender”
por aquello de sobrevivir
por lo de no perderse,
y saber que el poder temporal
tiene siempre fecha de caducidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario