Las chicas andan por railes
en el gran café a las nueve
con sus skechers negras
sus pantalones ajustados
y una sonrisa que rompe el ritmo
de la cámara lenta de la mañana
tienen una cadencia calmada
al caminar
con sus bandejas llenas de tostadas
y cafés con leche y churros,
a veces se cruzan
como dos trenes esperados
en cualquier estación perdida
donde llegan sin saber para qué…
sonríen siempre mientras andan
como si no fueran a la misma velocidad
en sincronicidad perfecta
con todos los presentes,
es su táctica para captar atención
mientras suena un tema antiguo
“No dudaría” de Antonio Flores
y parece que todo es jueves
y temprano
y amarillo
y muy slow…
a veces se tocan la coleta
como si les quedara esperanza
o supieran volar
o lanzar una red
a los incautos tipos
que dan cuenta de sus cafés.
Los viejos las miramos
como si viéramos una película francesa
de aquellas de arte y ensayo
como una de Eric Rhomer.
Los viejos siguen entrando
la chica de la ONCE llega
con cupones y una sonrisa verde
que da suerte sin duda
entran ganas de ser feliz
y celebrarlo sonriendo,
esta mañana de agosto
en la que ellas marcan el tempo
que todos quisiéramos tener
mientras los trenes no llegan
y no pasa absolutamente nada.
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