Francisco Javier tiene 47 años
y aparenta 87 vidas,
le gusta que le llamen Popeye
y cuando le pregunto
dibuja una mueca imposible
inverosímil
en su cara que no sabe de mentiras.
Vive en la calle fría
con su mujer, su pasado y un salvavidas,
una cama de cartón
y una manta de mala suerte,
la de la mitad de sus años encerrado,
su historia es mezcla de tristeza
y esperanza verdadera o falsa
no rendirse y seguir mientras caes…
Sabe de penas y miedos
de inviernos, fríos y noches ásperas
de baldosas que abrazan
y tierra que te entierra…
aún así reparte gracias
sonríe con triste alegría
celebra el triunfo diario de ver amanecer
dibujando mapas, planes y huidas imposibles
porque su amabilidad cálida
y sus ojos curtidos
no le dan opción a poner un final.
Miras sus manos duras
ajadas de mil batallas perdidas
de malos tiempos y soledad
de la calle y su escuela
y te das cuenta de su grandeza
de su inexplicable vicio por sobrevivir…
entonces sacas tu cuaderno
de admiraciones y ejemplos de vida
y apuntas en lo de nunca olvidar
nombre y fecha…
Popeye, 47 años
y toda una puta vida,
hoy 22/12/23
una noche fría
café y sopa caliente
voluntarios que te ganan por principios…
imposible olvidarte nunca compañero
los dos sabemos
que no hay nada más desolador
que la maldita espera a nada
una celda con la puerta abierta
y la duda que atenaza.
Me encontré tantas vidas
en tus manos
tantas muertes y tantas resurrecciones
tanto caer y levantarse
tantas historias de dolor y risas
tantos ejercicios de supervivencias
de esquivar a la muerte
y llorar y reír y morir y ser…
que allí, exactamente allí
en tus manos
me quedo ya un poco para siempre
como en un atlas
como en el cielo de tus estrellas.
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