Los atardeceres de Cáceres
escriben poemas efímeros
muerden los ojos
desacorazan corazones
son totalmente imposibles de explicar
como asaltos de amor clandestino
ocultos y secretos
como la pasión fugaz
que nació una primavera y reincide
como disparos a quemarropa
de un dios francotirador y justiciero.
El único remedio comprobado
es respirar fuerte y lento
quedarte completamente quieto
cerrar todo los ojos
y dejar que la ciudad te mate
de manera áspera y suave
de forma tranquila y brusca.
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