Me he vuelto a acordar,
esta mañana conduciendo a Plasencia,
ya sabes que el trabajo ayuda…
el puto momento último
en que no te hice caso,
como cuervo que trataba de salvarte.
El sol da la cara a las 7:15
medio ciego
con frío impropio
en esta ola de calor,
sudo, como si fuera un peaje.
Mientras me viene la imagen del sillón vacío,
mañana jugamos la final,
y aunque a ti nunca te interesó la selección
solo nuestro Madrid…
Te haría gracia
y puede que te alegrara…
pero ya no estás.
Plasencia sigue tan… Plasencia, como siempre,
sus autobuses rojos no estaban llenos
de mujeres desnudas que van al trabajo,
ni siquiera lo sabe Quique Gonzalez,
los nativos son los mismos figurantes
que pueden encontrar en mi ciudad.
Me paso de listo y casi me choco,
intento adelantar un autobús
atasco de mañana.
Paso por donde trabajé una vez,
puede que fuera feliz
en esa facilidad mía para adaptarme.
Llego a la oficina a la hora,
esperaré a la puerta.
Aparco contra todo pronóstico cerca,
espero,
no tengo llave,
abro el libro nuevo de Luis Roso,
“Puerto Hurraco”
me está decepcionando
y mira que me gusta una masacre.
Apago el motor del coche
miro al asiento vacío…
abro las ventanas
para que salga mi ansiedad
y entre fresco…
la temperatura exterior es 20°
estoy sudando de nuevo
me huele a churros que no me apetecen, aunque tengo hambre,
porque siempre la tengo.
Me tomaría un café,
eso siempre,
pero me quedo en el coche
dictando este poema
mientras veo al fondo crecer una grúa
imponente que asciende sobre los edificios
justo entre antenas colectivas
y parabólicas ilegales en desuso.
Los coches pasan rozando
el espejo retrovisor del coche donde te fuiste.
Pasa una chica por la acera
mis ojos se van con ella
caigo en la cuenta que debo ser el único español
sin camiseta de la selección española
de cara a la Final.
“Corre!” Dice una voz de alguien que no sabe hablar
justo cuando una señora asiática escupe en la acera
con toda la repugnancia posible
mientras escucha a su marido chino
hablar en chino supongo.
Luis Roso está con el juicio
se trata de si estaban locos los asesinos
o no eran más que psicópatas,
sigo en la puerta del trabajo
no tome café
detesto oler a churros.
En la oficina es invierno
el aire acondicionado está demasiado frío
me quedo helado mientras sigo escribiendo este poema
ya no dictado,
trato de hablar poco.
Tardan en llegar las coberturas
Malpartida Plasencia
tour political world “que bien lo hacemos
y que buenos somos!”
Jimena brilla más en esta mañana
cuando aparece y me abraza,
es lo mejor de Plasencia le digo…
escondida detrás de su sonrisa perfecta
y armada de una ternura que equilibra.
La visita es fugaz como una vida.
Volvemos con la mitad del trabajo.
Tirando de empatía
profesionalidad
equipo
tratamos de construir puentes de palabras
hay sacar el trabajo.
Las frigorías de la máquina de aire
no ayudan.
Trabajar con una cámara que no es la tuya
es ir a ciegas
como acostarte con alguien que no conoces
una aventura por descubrir
que no sabes si aciertas
o la estás cagando
y que con toda seguridad no merece la pena.
15:45 salida
calor es insoportable
dentro frío polar
fuera calor infernal,
reflejo de la vida últimamente…
todo o nada…
Sin términos medios,
ya nunca ningún gris.
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