Diecisiete minutos exactos después de estar molestando se pone los auriculares
tratando de evitarnos la molestia de los sustos musicales.
Diez minutos allí y pregunto si hay consulta de fisioterapia,
después de ocho años esperando,
¡veintiún minutos no son nada!
pienso mientras leo a Foster Wallace,
otra vez y desde el principio.
Sale un señor de azul de la puerta naranja
pasa por el pasillo que parece le hacemos,
no dice nada…
seguimos todos esperando.
Un hombre mueve su sombrero mirando a todos lados
una mujer lee un papel,
mueve las piernas que no le llegan al suelo,
el muchacho que venía con ellos lee el móvil
la mujer que estaba antes no los ha mirado,
a mí tampoco.
“Si viene a la
primera
consulta, por
favor, espere a
ser llamado.
Gracias.”
Pone en la puerta naranja con un ojo de buey atípico y rectangular.
No deja de subir y bajar gente
nadie más sale de la consulta
un señor, parece que de mantenimiento, entra,
el muchacho saca sus auriculares extremadamente liados,
el hombre del sombrero lee los carteles,
la mujer que escucha el móvil se besa el anillo
la señora mueve sus piernas cortas rítmicamente…
Sigo esperando,
veintiocho minutos que no sucede nada
secundarios suben y bajan escaleras
otros preguntan en información cuestiones absurdas
un desagradable ruido de chanclas que se arrastran
el ascensor proclamando que abre puertas
una auxiliar que informa al fondo,
se parece a Nina Hagen…
Sale el tipo de mantenimiento con cara de haber solucionado algo
y una escalera pequeña y verde…
Espero,
ha sonado algo tras la puerta naranja…
el señor ya no mueve el sombrero
tiene la mano en el pecho
la señora de los cascos sigue inmóvil,
el chaval scrollea vídeos extraños,
la mujer no mueve las piernas…
“Jose Luis” dice una cabeza que asoma por la puerta naranja entreabierta…
entro
dejo de esperar.
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