viernes, 7 de agosto de 2026

Una puerta naranja a un puto viernes de mierda.

 

Diecisiete minutos exactos después de estar molestando se pone los auriculares 

tratando de evitarnos la molestia de los sustos musicales.


Diez minutos allí y pregunto si hay consulta de fisioterapia,

después de ocho años esperando,

¡veintiún minutos no son nada!

pienso mientras leo a Foster Wallace,

otra vez y desde el principio.


Sale un señor de azul de la puerta naranja

pasa por el pasillo que parece le hacemos,

no dice nada…

seguimos todos esperando.


Un hombre mueve su sombrero mirando a todos lados

una mujer lee un papel, 

mueve las piernas que no le llegan al suelo,

el muchacho que venía con ellos lee el móvil

la mujer que estaba antes no los ha mirado,

a mí tampoco.


“Si viene a la

primera

consulta, por 

favor, espere a

ser llamado.

Gracias.”

Pone en la puerta naranja con un ojo de buey atípico y rectangular. 


No deja de subir y bajar gente

nadie más sale de la consulta 

un señor, parece que de mantenimiento, entra,

el muchacho saca sus auriculares extremadamente liados,

el hombre del sombrero lee los carteles,

la mujer que escucha el móvil se besa el anillo

la señora mueve sus piernas cortas rítmicamente…


Sigo esperando,

veintiocho minutos que no sucede nada

secundarios suben y bajan escaleras

otros preguntan en información cuestiones absurdas

un desagradable ruido de chanclas que se arrastran

el ascensor proclamando que abre puertas

una auxiliar que informa al fondo,

se parece a Nina Hagen…


Sale el tipo de mantenimiento con cara de haber solucionado algo

y una escalera pequeña y verde…


Espero,

ha sonado algo tras la puerta naranja…

el señor ya no mueve el sombrero 

tiene la mano en el pecho

la señora de los cascos sigue inmóvil,

el chaval scrollea vídeos extraños,

la mujer no mueve las piernas…


“Jose Luis” dice una cabeza que asoma por la puerta naranja entreabierta…

entro

dejo de esperar.

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