Soy un murciélago viejo
dice Camila Parker sonriendo
mientras ella no lo sabe
ni lo sabrá nunca…
me
está
definiendo
pienso, en el momento exacto en que posa
para la foto
y se prueba su corona
de oro y piedras brillantes
mientras el fotógrafo tararea
una canción de Sex Pistol
después de medir la luz
componer
y tener en cuenta la regla de los tercios,
o quizás no, ni eso.
Nunca encontré una definición mejor
para mi, señora, le dije
mirando la pantalla plana
desde donde trataban de blanquearla
para acostumbrarnos a su próximo reinado
sobre todo a ellos
anglos y sajones
y demás súbditos del imperio venido a menos.
Quizás nadie se dio cuenta
pero el azul le quedaba peor
que el malva menopáusico
que ella odiaba, creo, pienso, sostengo…
mientras trato de que las horas derrapen
hasta ver a Alonso en Canadá
salir desde una primera línea
tan inesperada como deseada.
Hay domingos que no existen
y me suelo tomar el pulso
de vez en cuando
porque no sé si estoy muerto
o el único superviviente de una catástrofe
tan atroz como inesperada,
aunque
realmente
muy
necesaria.
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