Las estadísticas nunca son verdad,
dice David Simon,
pueden decir lo que queramos,
las encuestas tampoco, añado yo
en mi cabeza, como si me creyera alguien
mientras escucho La Base,
dónde Pablo Iglesias dice y hace,
lo que no dijo ni hizo, cuando era Vicepresidente.
Vuelvo a soñar con él,
el bolso de SSdeS sobre el escaño
de un Presidente en sobremesa en un reservado
en una foto icónica
merecedora del Premio Nacional de Poesía,
mientras deambulo por el mercado
viendo los tomates de pera a 1,50
y la albahaca negra que me da Lorenzo
para los tomates dice, yo ni idea.
Empieza a llover y es 1 de junio
y miércoles y da igual,
mientras me acuerdo de mi agujero
de los pantalones y de mi ridículo de ayer,
sin medida, al mismo tiempo que me mojo,
pienso, después de trasnochar con Nadal,
sabiendo a ciencia cierta
que los croissant son demasiado grandes
para un desayuno normal.
Hay días que me creo Bukowski
otros Keith Richards con sus 200 años
otros la Leibobitz fotografiando a la Sontang
otros quiero ser Luis Alberto de Cuenca,
en este ansia permanente y sin remedio
de tratar de no ser yo
y justo antes de pensar que nadie nunca
debería leer el Marca en un parque
que lleva el nombre de la genia Gloria Fuertes.
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