Cada mañana la radio sentencia
los listos sentencian
los jefes sentencian
las editoras sentencian…
acabamos todos condenados sin perdón.
La libertad para el tipo aquel
era hablar en la biblioteca
con el altavoz de su móvil, a voces,
para recalcar que era libre
y no le importaba nada más, ni nadie.
Siempre fui consciente de mi suerte
y de que no creía en ella
y que me regateaba porque no existía…
pero mi vida no se explica
sin su influjo y poder.
“Os falta calle…”
les decía con su pelo rapado
y su coleta larga y sucia, a otros dos,
como si tuviera todas las certezas
y anduviera sobre raíles.
Aún hay lugares tristes
y las mascarillas son obligatorias
y la pena sigue floreciendo
entre las grietas de las baldosas
y no pasó, nada, allí, nunca.
No hay nada más solitario
que las afueras de los parque de atracciones
aunque huela a fantasía y sueños…
las vistas nunca acompañan
salvo por la frialdad de la basura.
“…Si estás preocupado con toda la gente
al final te preocupas por todo”
decía Walter a su amiga
justo antes de encender un cigarro
y de soltar el humo como un globo.
Sus pensamientos se reducían…
“… una vez que te queda un 20 %
se te apaga el móvil volando”
lo peor, es que tenia que escucharlo
y encima darle la razón.
Hay calles por las que nunca pasa nadie
ni sucede nada
sólo las ponen los de atrezzo por las mañanas
antes de la vida
para que no perdamos las esperanzas.
Dicen que el 5 % de los accidentes de tráfico
son suicidios
“… ha perdido el control inexplicablemente…”
siempre lo pensé,
como manera de perdonar y perdonarme.
Todo parece mucho más otoño
en otoño, cuando las tardes no existen
y las mañanas son tan cortas
y la luz no acaba de alumbrar
y la vida dimite.
No hay comentarios:
Publicar un comentario