De un tiempo a esta parte,
inconscientemente o no,
he decidido coleccionar adioses,
algunos fríos con un punto de tragedia
otros lentos como la muerte
cálidos como los de un perro
eternos como los de los falsos
lúgubres como un mal final
misteriosos como miel en los labios
rápidos como una buena mentira
siniestros como noche sin luna
letales como un buen veneno
azules como una madrugada cualquiera
deslumbrantes como unos ojos
falsos como la palabra de un traidor
rasgadores como un mordisco
inútiles como algo ya hecho
lánguidos como un mal momento
inesperados como aferrarse en un naufragio
cortantes como todo lo inevitable
franceses como un ladrón
inexistentes como las utopías
dudosos como la misma puta vida…
… y no sé si tal vez
estoy acabando mi colección
o apenas la he empezado,
pero de lo poco que estoy seguro
es de seguir volando
libre
sin mirar atrás, adelante
sin deber nada, ni pagar peajes
tratando de ejercer esa mi LIBERTAD
que hoy en día es un artículo de lujo.
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