Hay lugares donde no llega el tiempo
se esconden en dobleces transversales
ni pasa, ni pasamos
allí todo es igual que un día
y la gente lleva mascarilla
y te señalan si te ven reír
y no dejan sentarte donde quieres
y hablan a voces,
aunque eso siempre es en todo lugar,
y no sabes si huir
porque nadie huye
o llorar con y por ellos
porque lo hacen todos, sin lágrimas,
y en un momento oyes sonar sus móviles
todos, exactamente, con el mismo ruido
y nadie hace ningún gesto
y todo parece absolutamente perdido
y en cámara lenta y blanco y negro
como en un fundido interminable
como en un travelling oxidado y eterno.
Son postales evocadas de un día
otro tiempo olvidado
que se esfuerza por seguir ahí
agarra y no suelta
como un fantasma que amenaza
lanzando recuerdos aterradores…
y allí va la gente
con sus cabezas bajas
y sus pasos arrastrados
a seguir con sus temores
a esperar resignados que pase el tiempo
a engañarse en sus derrotas
y a que la esperanza siga perdiéndose
y los vuelva a encontrar un día
en esa batalla a vida y a muerte
contra el tiempo de los miedos.
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