A veces me doy una vuelta por allí
por dónde es el frío
y aquel infierno verde,
saludo a mis monstruos, amablemente,
y hablo un rato con ellos,
comparto miedos
y les enseño mis miserias,
aún sin cicatrizar,
como entonces cuando era
y no quería ser
y ellos me agarraban
soportando estoicamente esa línea azul
por dónde hacía equilibrio.
Me permito el lujo de saberlo,
de caer, de humillarme, de arrastrarme,
de no saber ninguna respuesta
a las preguntas que explotaron a la vez
todas, en mi boca, como una tormenta.
Soy consciente de que no soy
pero fui y morí
varias veces, en aquel frío que hervía
en aquel tiempo asesino
de ojos y de líneas concéntricas.
Lo malo de volver
es que todo está tan intacto
que de nuevo naufragas y te hundes
en aquel panteón gris, vacío y frío
en aquel solar abandonado por todo
poblado solo por seres extraterrestres, que comen.
Saber morir es imprescindible
ahora, mucho más para los que quieren volver
entre enfoques críticos y contraluces…
cuando creer que se quiere,
es la manera más fácil de continuar la farsa
interpretando al personaje,
el que te tocó hacer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario