No me esperes un martes
cuando el frío alcanza sus objetivos codiciados
y escucho conversaciones aleatorias
de y en las personas anónimas
que lo son sin haberlo elegido,
pero deberían serlo seguro,
si hubiera duda.
Pienso en Fukuyama hoy y siempre
y me convenzo que todo acaba
o acabó ya, o quizás me acabo yo…
incluso sin tener intenciones
de empezar algún día,
nada será pero si fuera...
No vas a entenderlo, no lo intentes,
yo tampoco lo hago ni quiero,
cuando suena en viejo Dylan,
y vuelvo a creer en el misterio secreto
en el sentido exacto y perfecto
de lo que me hace reír al revés, sola una vez.
No es cuestión de decidirlo,
ahora, cuando es martes,
y son días que me debe el tiempo
el mismo que robo, sin quererlo,
porque no tiene sentido cuando allí me quedaría,
descubriendo lo que me es invisible y sueño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario