lunes, 20 de febrero de 2023

Las trampas de la luz

Nunca era como en el cine
los violines y pianos callaban, siempre
cuando las cosas pasaban en la vida.
Ni siquiera hacía frío como vulgar excusa 
para subirse el cuello y esconder las manos
en lo profundo de sus bolsillos vacíos.
Afuera siempre hacía blanco y negro
mientras dentro crecían colores cálidos
pensó entonces en las trampas de la luz
en la incomprensible temperatura de los colores
que engañaban cuando querían.
Siempre era así y no iba a cambiar ahora, 
ni por la ausencia de fundidos al uso
ni por el inapreciable hurto de una mueca
perdida entre los restos de una canción 
que nunca había sido capaz de romper el silencio 
ni en aquella ni en ninguna otra mañana.

Así que desapareció con sus zapatillas rojas
y su gesto mentiroso de hablar por teléfono 
como un vulgar delincuente
o un falso apenado cualquiera
que casi siempre suelen ser son los mismos
se perdió en la mañana hasta que lo encontré 
convertido en un triste fantasma
más delgado y más viejo
como si el tiempo le hubiera juzgado con crueldad,
no me vio,
yo, no quise verlo
y aunque pareciera que lo estábamos, 
jamás, estaríamos en paz. 





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