Hay tardes de química necesaria
que no ves venir porque no se anuncia,
pero la esperas, en cualquier momento,
no sospechas nada, y llega como un tsunami
desaparece el aire
tratas de comerlo a bocanadas
buscándolo en muecas
gestos desesperados…
con la boca abierta como un pez
que siente que muere,
respirando muy hondo…
entonces no quieres llegar justo a donde quieres
sabes que debes huir de ti
de lo que vas a hacer… y quieres!
y como el oxígeno que no está,
empiezas por devorar todo lo que no debes
en un ejercicio gastronómico orgiástico miserable,
mientras el pecho te oprime,
cada vez más,
arrancando el aire
como si se hubiera sentado encima Shack!
Luego llega la calma,
tan de pronto como llegó la tempestad,
el tiempo para, el frío vuelve…
viene la culpa, tan tranquila, tan sexi, tan azul
y te condena a ser tú mismo
sin siquiera juzgarte antes, como paripé,
y es terrible su inflexible exigencia… te condena
y te hundes en la mentira
negándote a ti mismo
renegando de ser tú mismo…
una vez más y como siempre,
y sabes que solo queda la química,
aunque ya es tarde,
la última puta carta astuta e hipócrita,
la que para la montaña rusa
y deja de arrastrarte en su bucle…
lo sabes, ella, te lo da, una vez más,
ese coraje y esos huevos que a ti te faltan.
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