Ni los monstruos
ni la noche eterna
ni ese peso constante y opresor
en el pecho que ansiaba luz
ni la oscuridad
ni el gris impostado
ni las voces que distraían
con sus sentencias inflexibles
ni el frío
ni las guerras perdidas
ni las batallas rendidas
sabiendo el resultado de antemano
ni la lluvia torrencial
ni los abismos oscuros
ni las palabras mudas y ciegas
que debieron romper
con las mentiras y no lo hicieron
ni las esperanzas falsas
ni todas las traiciones
con cuentagotas y muy despacio
ni el ego
ni la prisa
ni la invisibilidad
que apareció cuando menos falta hacía
ni los espejos
ni las miradas
ni los jueces y fiscales
que sentencian sin pensar sus condenas
ni el ruido
ni las sombras
ni el vacío
de eso que llaman
yo
Nada de todo fue lo peor
lo peor fue volver a ser
yo
el dolor duró un instante infinito
el sol fue para siempre noche.
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