Para mi padre, que me enseñó a votar
y todo lo demás.
Por su espera de más de 20 años para hacerlo
y por la ilusión que le hizo hacerlo conmigo
aquella primera vez…por él!
Por todos!
Hay un silencio en el gris de la luz
que más que un día de reflexión
parece un verso de Machado,
como si fuera un escenario perfecto
para lo inesperado de un triunfo
para lo imprevisto de una derrota…
huele a drama y a comedia
a partes iguales
como si este día de obligatoria reflexión
tan digno y preocupado él,
se lo hubiera tomado tan en serio
como lo hicieron los y las que se la juegan
en eso que llaman fiesta de la democracia.
Mi padre me llama, y me corrige
porque sabe y vivió mucho más,
y me dice que no
que no solo ellos se la juegan
los que ganan o pierden
los que celebran o tragan
los que tienen en poder y los que lo quieren…
ellos y ellas, los y las candidatas
líderes que pretenden llevarnos
directamente al futuro,
sin pasar por el presente, añado yo,
siempre mejor, proclaman,
siempre más, gritan…
mientras yo cansado
ellos también, pero no solos…
Los que de verdad nos la jugamos
somos
nosotros
los
ex
de
la
clase
media
los que sin saber cómo ni por qué
amanecimos un día cambiando
dignidad por supervivencia,
convirtiéndonos en working class héroes.
Y yo,
que me siento atenazado de desidia
con el tedio comiéndome la vida
agotado, triste, mucho, porque veo
y miro
y pienso
y analizo
y callo
y no siento…
llego entonces a conclusiónes…
y muchas no me gustan
porque veo sus costuras
sus reveses y sus partes de atrás
y también los escaparates
plagados de sloganes y carteles…
yo, el mismo yo que les conoce,
que está harto de escuchar siempre lo mismo
de confundir dramas con comedias
y absurda viceversa…
yo, el que siempre dice nunca más
el que siempre dice no me volveré a dejar
el que siempre dice hasta aquí…
…yo, el que acaba mirando el horizonte
el del día de hoy de obligatoria reflexión,
con los ojos cerrados, eso si…
tan gris y azul
tan frío y húmedo
tan de verso de Machado…
y le digo a mi padre que tiene razón,
como siempre,
que iré a votar mañana,
como siempre,
y como nunca…
y con los ojos muy abiertos,
como siempre,
como se le quedaron a mi Miguel Hernández
cuando murió de fascismo.
Me gusta tu relato. Y vuelta a la esperanza.
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