Debajo de la piel hay ríos subterráneos
llanuras abisales, cumbres, fosas
donde habitan criaturas que no sueñan,
monstruos que esperan
noches de insomnio para acechar,
como raperos justicieros
como la masa que no razona
como verdugos orgullosos…
es la vida que vive
sin querer y sin saber
la paz que arrebata imágenes
la sonrisa implacable
el cielo de lo que rebosa
un tsunami de luz incontenible…
cadencia lenta de pasos
que mientras andan y buscan
ganan apuestas perdidas,
mienten sobre adjetivos inversos
y diseñan líneas de fuga,
imaginarias y ajenas a lo paralelo,
que vencen todas las batallas perdidas
derramando mareas de viento
enterrando banderas
firmando sentencias de muerte,
de cumplimiento incierto,
puntos finales de epitafios certeros
que esperan otra oportunidad.
Todas esas luchas planeadas
por generales sin coartada,
que hicieron la guerra en mis tierras,
diseñando cabezas de playas,
atrincherando distancias,
enterrando héroes sin nombre…
todas,
todas ellas,
se hicieron para ganar,
salvo una
la que no me salvó,
la que no se llegó a declarar,
esa, Justo esa,
para no tener que ganarla,
sin perderse.
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