A veces me avergüenzo de mí mismo
y me escondo en mi madriguera
de aire e intemperie
y allí hago inventarios
afrentas, cicatrices, logros
desprecios, aprecios, sueños…
trato de conservar la perspectiva
intentando abrazar un equilibrio
que se rompe como débil cristal
frágil, como un hilo,
y a veces aparece
la cabrona de la frustración
transfigurada, a veces de ansiedad,
de bajón o miedo, o cabreo…
y llega como una reina,
como una rutilante estrella del rock
adueñándose de todas las escenas
que el guión nos marcaba
las mías y las suyas,
quedándose como dueña del tiempo.
Y entonces lo sé y está claro,
debo poner en práctica mi estrategia
paciencia, corazón y coraza…
porque no me gusta mi madriguera
y no quiero estar en ella,
pero a veces,
es lo único que tengo…
un cielo inmenso de azul gaseoso,
para huir
y volver
tratar de recomponerme
a base de pedazos y restos
propios y ajenos
como si un Frankenstein cualquiera
de ira, perversión, venganza,
de sueños, ilusión y ética…
como si lo que me ardiera por dentro,
cuando me prenden desde fuera,
no me saliera gratis
y no amenazará con la nada más absoluta
en un the end infinito
que más que terminar…
es principio y pickandroll.
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