En los exilios interiores hace frío
aunque uno lo haya elegido
o sea obligación
o vacío
o simple luz de gas recibido,
en esas gélidas circunstancias
variadas, claras o inexplicables
forzado o instado…
el frío es terrible y atroz,
como los abismos de la nada
y da igual
que los monstruos traten de abrigar
infructuosamente
de crear comodidad, a sus extrañas maneras
traer una felicidad impostada
imposible
sabiendo de sus desesperantes formas,
y yo, mientras, les cuento mi desastre
apunto mis venganzas
guardo sus desplantes
sumo desprecios y menosprecios
acúmulo soledades
malgasto dudas y desconfios
me coso remiendos de luz y gas
en los señalamientos de los cínicos
en las cicatrices que me dejan
desangrándome
la piel ya muy erosionada,
la mala cabeza mía,
mi frío que tanto siento,
mi final próximo…
Es tan extraño todo
que mi maniobra de distracción preferida
mi huida hacia el vacío
mi refugio interno secreto
mi exilio favorito…
es que cualquier día ya,
no me levanto
y ni siquiera me despido
ni a la francesa ni a ninguna,
como si no hubiera existido,
como si nunca hubiera sido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario